

¿Para llevar o para comer
aquí?
La historia de un ícono de la gastronomía mexicana que no teme a la competencia
Por: Viridiana Moreno Araujo
Como consecuencia de nuestro acelerado ritmo de vida, el consumo de comida rápida se ha vuelto cada vez más común en nuestro país; las hamburguesas, pizzas, pollo frito y sopas instantáneas, han ganado terreno, pero los mexicanos no cambiamos los tacos por nada, así que bien vale la pena unirnos a la noble causa de apoyar al rey de la gastronomía mexicana, el taco, un legado de la alimentación prehispánica que permanece vigente en nuestros días.
Los hay de canasta, al pastor, de tripa, buche, lengua, maciza, nenepil, chicharrón, barbacoa, guisado, suadero, longaniza, y hasta de sal, en gustos se rompen géneros, pero no existe un mexicano que no disfrute un buen taco, que acompañado de una salsa bien picosa, hace de cada comida una gloriosa experiencia.
Sobre el orígen de la palabra taco existen dos teorías; por un lado, en tiempos de la Conquista, Fray Bernardino de Sahagún escribió sobre varios tipos de tortillas (Tlaxcalpacholi, tortilla de maíz de colores; Quauhtlaxqualli, tortilla gruesa y áspera de nixtamal y Totonqui Tlaxcalli, tortilla blanca), por lo que se cree, que la palabra taco, pudo haber nacido de la deformación de estos nombres. Por otra parte, El Diccionario de Mejicanismos, de Francisco Santamaría, señala que dicha
palabra proviene del término “atacar”...
Disfruta del contenido completo de este interesante artículo y mucho más,
en la edición impresa de tu revista SOY PURO MEXICANO ¡Suscribete ahora!