
¡Ush ush ush! pica, pica
El chile, una ardiente sensación
Por: María Elena Alcántara Castro
Digamos que no debería ser normal comer algo que arda al grado de doler; sin embargo, para aquellos que se deleitan el paladar con el picante, rompen la barrera asumiendo el reto para llegar al placer.
Un panorama histórico enmarca la existencia del chile, pero también el aspecto botánico, sociológico y psicológico tienen que ver con el uso que la sociedad le da a esta planta mexicana. Así podemos citar a los pueblos prehispánicos quienes lo utilizaban como un arma de Guerra, o bien, las virtudes curativas y mágicas que le asignan las brujas y chamanes. Lo cierto es que existen personas quienes pueden prescindir del chile en sus comidas, pero hay otras que pueden convertirlo en una adicción, debido a que contiene una sustancia química inodora llamada capsina, la cual se aglutina en las células receptoras de la boca y las sensibiliza al sabor de la comida, por ello se dice que un taco no es taco sin su salsa.
Alrededor del 90% de lo que se consume a nivel mundial, se produce en nuestro país y el resto tiene su origen en Centroamérica, el Caribe y Sudamérica. A partir del descubrimiento de América, el propio Cristóbal Colón llevó al Viejo Continente semillas de diversos chiles y desde entonces otros viajeros hicieron lo propio. Uno de los principales móviles que empujaron a Colón hacia el horizonte marino del poniente, fue la búsqueda de un camino más corto rumbo a la “Especiaría” y buscando la pimienta encontraron el chile, al que bautizaron como pimiento, y hasta la fecha subsiste ese nombre para diversas variedades del chile dulce; así, las semillas del chile recorrieron casi todos los caminos del mundo.
Siglos muy picantes
Chile proviene del náhuatl chilli y su sinónimo en España y otros países de Latinoamérica es el ají, que tiene su origen en el arahuaco, un dialecto caribeño. En tanto, la botánica lo clasifica en latín como capsicum annuum. Todas las variedades del chile provienen de América y especialmente de México, en donde no podemos concebir la historia y tradición de la cocina mexicana sin el picante tan característico de nuestra gastronomía. Tan es así que en Teotihuacán, Tula y Monte Albán se han encontrado vestigios de un amplio consumo de chile entre sus pobladores, incluso, a la diosa del chile la llamaban “respetable señora del chilito rojo”; era hermana de Tláloc, señor de la lluvia y de Chicomecóatl, señora de los mantenimientos...
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