El mexicano, sus fiestas y sus máscaras
Sinónimo de transformación y tradición
Por: Jannette Zepeda Arzola
La máscara en México, recorre los siglos, ya que en tiempos prehispánicos, cuando el territorio nacional se fundía en lo que conocemos como Mesoamérica, el pueblo indígena ya tenía especial predilección por la máscara. Los arqueólogos las han encontrado en casi todas las culturas: olmeca, teotihuacana, zapoteca, mixteca, totonaca, mexica.
La máscara aparece siempre. Encierra un antiguo y persistente deseo de la humanidad: el poder de convertirse en otra persona, en un ser diferente que anhela ser mejor, más poderoso, joven o viejo, fuerte como el tigre, o ágil como el venado. La máscara tiene muchas funciones: protege, libera, transforma, disfraza, actúa, y da energía a quien la utiliza. Muchas de estas funciones se encuentran en las máscaras del México de hoy.
Generalmente son máscaras de dioses que usaban los sacerdotes para identificarse con ellos. Con la apariencia externa de un dios todopoderoso, el hombre se sugestiona y siente que deja atrás sus miserias y limitaciones para convertirse en la máxima bondad y fuerza.
En algunas máscaras podemos reconocer la fisonomía de los antiguos dioses. Las caretas usadas tanto en carnaval como durante los días de muertos en la región de Huejutla, Hidalgo, son muy polifacéticas. Algunas se asemejan mucho a la deidad prehispánica de Xipe-totec, el dios desollado.
Durante la fiesta en su honor, se mataba a un esclavo y un joven vestía su piel para simbolizar la nueva capa de vegetación que cubre la tierra en primavera. Sus facciones se representaban con la boca abierta y costuras a lo largo de la cara, costuras que en la máscara actual se imitan con pintura blanca, y aunque Xipe-totec es muy poco recordado, su imagen ha quedado viva en la careta descrita...
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